Sobre Trujillo


Trujillo es un municipio de la provincia de Cáceres, se localiza entre los 39° 27’ de latitud y los 5° 52’ de longitud Oeste. Esta ciudad se asienta sobre una elevación del terreno a una altura media de 584 m. Teniendo en cuenta su nombre Turcalion, celta; Turgalium, romano; o Turaca, por su posición sobre un promontorio, su origen se remonta a un castro integrado en el espacio vettón, que evolucionaría con la romanización hasta constituirse en cabeza de prefectura dependiente de Augusta Emérita. Por tanto, Trujillo es el antiguo Turgalium romano, nombre de raíz celta, denominación latina del topónimo correspondiente al primitivo castro indígena.

Los diferentes testimonios epigráficos y funerarios son prueba fehaciente que la Turcalion prerromana se convirtió, durante la ocupación romana, en una población de suma importancia tributaria de Norba Caesarina. Trujillo aparece citado en el Anónimo de Rávena (siglo VI), que facilita el conocimiento de núcleos de población de esa época. En el Itinerario de Antonio (siglo III) se cita como un importante enclave desde Mérida hacia Zaragoza, a través de Toledo. Dato interesante porque denota la continuidad funcional urbana como cabecera de comarca.

El núcleo urbano se erige como lugar central respecto a su territorio y ubicado dentro de la penillanura dominada por los terrenos pizarrosos sobre un batolito granítico, lo que le confiere una posición preeminente y estratégica con respecto al resto de su territorio.

En el siglo VIII los árabes invaden Trujillo y la retienen hasta su reconquista definitiva por los cristianos en 1233 . La primera referencia que encontramos en las fuentes árabes sobre Trujillo se remonta al 929 (año 317 de la Hégira), cuando Abd al-Rahmán III acaba de proclamarse Califa y Emir de los Creyentes y nombra gobernador de Taryllo o Turyllo (Trujillo) a Ahmad ben Sakan . Bajo su dominación, Torgielo, como la denominan, se convierte en un recinto fortificado de gran importancia. Este recinto está integrado en la red defensiva establecida entre los ríos Tajo y Guadiana, donde destacan también las fortalezas de Cáceres y Montánchez. Los musulmanes conservan y aumentan la infraestructura de las comunicaciones que reciben de los visigodos, y levantan castillo y fortalezas para controlar los pasos más importantes. Tras la reconquista de Trujillo el 25 de enero del año 1233 y Medellín en el año 1234, los cristianos alcanzan, pues, la Andalucía Bética y el valle del Guadiana. Superada la reconquista y para fomentar su repoblación, se otorgan privilegios a los caballeros participantes en las campañas militares, confirmándose el derecho sobre sus propiedades con el Fuero otorgado por Alfonso X en el año 1256 . Trujillo se convierte en una localidad libre, vinculada a la Corona. En el año 1430 Trujillo logró trasponer la pubertad medieval merced a las instancias de Álvaro de Luna, primer duque de Trujillo, ante su rey, Juan II de Castilla que le concede el codiciado titulo de ciudad "por los buenos e leales servicios que e me facen cada día ....por ende es mi merced que de agora adelante sea cibdat e goce de todas las preminencias e prerrogativas..." .

En el siglo XV se divide en bandos y se radicaliza la tensión entre los linajes que desde la reconquista dominaban la ciudad: Altamirano, Bejarano y Añasco. Basta recordar los enfrentamientos entre el clavero de Alcántara don Alonso de Monroy y el maestre don Gómez de Solís en la "Farsa de Avila". Para acabar con estas luchas nobiliarias o someter a esta clase belicosa, adinerada y orgullosa, los Reyes Católicos ordenan, por el Edicto del año 1476, desmochar las torres de sus casas-fuertes, procurando de su que su altura no sobrepase la del resto de las casas, inutilizar matacanes y cerrar saeteras (ejemplo representativo es la Torre del Alfiler).
Fue importante la judería establecida en Trujillo a finales del siglo XIII (la segunda en importancia tras Plasencia), contaba con una importante aljama en el entonces arrabal de San Martín (más tarde Plaza Mayor) ubicada en torno a las calles Gurría, Tiendas y Carnicerías; incluso existen restos de una importante sinagoga .  
El pueblo no sólo los odiaba por sus convicciones religiosas y por recaudar impuestos, sino que los sometió a toda clase de vejaciones: a vivir en lugares aislados, a veces muy alejados del resto de la población, y a desempeñar los trabajos más humillantes (limpiar los establos de estiércol y lavar sus tinajas, incluso hospedar en sus casas a malhechores y prostitutas). Esto motivó la protesta de los judíos a la reina Isabel para que suprimiera estas prácticas. Junto a la nobleza, influyente y poderosa existía una creciente población pechera ocupada en la agricultura, comercio y artesanía; los topónimos de sus calles recuerdan las distintas actividades de los gremios: zurradores, herreros, cambrones, sillería, tintoreros, romanos, olleros, etc.

El desarrollo urbanístico de Trujillo viene definido por dos núcleos de población: El recinto amurallado, que abarca la ciudadela medieval, y la ciudad moderna, en torno a la Plaza. La ciudadela intramuros responde a un emplazamiento medieval: asentado sobre un accidentado promontorio, circundada por una fuerte muralla y potenciadas sus defensas por torres de edificios señoriales; calle angostas, de trazados irregular, pequeñas plazuelas en torno a los edificios religiosos. Dentro de ella se sitúan el castillo y las primitivas iglesias: Santa María, Santiago, San Andrés y la Vera Cruz .

Hasta mediados del siglo XIV el desarrollo arquitectónico se producen dentro de la ciudadela. En este momento surgen los primeros núcleos extramuros con los arrabales de San Martín y de San Clemente, pero no será hasta el siglo XV cuando estos arrabales, sobre todo el de San Martín, adquieran su protagonismo y expansión.

En el siglo XV se construyen los primeros conventos trujillanos (San Miguel, Encarnación, San Francisco) y queda configurada la plaza. En los primeros años del siglo XVI, en el futuro espacio placero, existen testimonios documentales de la existencia de las primeras casas modestas y las Casas Consistoriales en la Plaza Mayor (hasta ahora se reunía el Concejo en la plaza de Santa María y en el atrio de San Martín) . Junto a estos edificios se levantan edificios privados de dos o tres pisos, presentando el bajo un cuerpo de soportales constituidos por arcos de medio punto sobre pilares. Estos soportales, denominados Portales de Pan, de la Verdura..., indican las actividades comerciales que aquí se celebraban, actividades incrementadas en el año 1465 merced privilegio de " Mercado Franco" otorgado por Enrique IV, a celebrar los jueves de cada semana. Entre estas construcciones populares se intercalan edificios nobiliarios hasta configurar, definitivamente, la llamada Plaza pública o del arrabal de San Martín. En el centro de la misma se levanta el Rollo o Picota, hoy situado en el cruce de las carreteras a Madrid, Cáceres y Mérida. Es gótico-Isabelina y remata en pináculo con la Cruz de Alcántara, con el escudo de los Reyes Católicos. En el siglo XVI momento de esplendor constructivo e histórico. Son sus hijos más insignes, Francisco Pizarro conquistador de Perú, Francisco de Orellana, descubridor del Amazonas y Diego García de Paredes, el Sansón extremeño, y miles de conquistadores, colonizadores y evangelizadores que marcharon al Nuevo Mundo entre los siglos XVI y XVIII. Trujillo está en 22 poblaciones de Perú, México, Nicaragua, Venezuela, Colombia, Cuba, Honduras, Guatemala, Puerto Rico, R. Dominicana, Chile, Argentina y Ecuador, en los que adquirió fama y renombre por algunos de sus hijos.

En el Renacimiento, Trujillo se extiende fuera de la muralla. El incremento demográfico y nobiliario son las circunstancias que impulsan este desarrollo, poblándose la ciudad de nueva construcciones nobiliarias, sobre entorno a la Plaza, lugar preferido por la nobleza para levantar sus grandes mansiones, cuyas perspectivas permite la contemplación de sus grandes fachadas y escudos: Casa de la Cadena, Palacio del Marqués de la Conquista. Palacio de los Duques de San Carlos o de Vargas Carvajal, Palacio de Piedras Albas. A partir de este siglo la evolución arquitectónica de la ciudadela y de la ciudad será diferente. Frente a la casa-fuerte, poblada de torres, aspilleras y otros elementos defensivos y góticos de la ciudadela, surgirá la casa-palacio abiertas con logias y patios, al tiempo de algunas casas señoriales, intramuros, renueva su aspecto de casa-fuerte a casa palaciega renacentista.
En el siglo XVII la ciudad inicia su decadencia, que continúa en los siglos XVIII y XIX. La situación económica cambia de signo de manera significativa, iniciándose una etapa crítica para la ciudad. Podemos destacar los efectos de la peste iniciada en el año 1596, que azotó durante un lustro a distintas poblaciones como Trujillo y las crisis productivas que se manifiestan en diferentes momentos provocan una importante regresión económica. La ciudad, situada en la ruta militar, sufre las consecuencias de tres guerras: la de separación de Portugal (1640-68) de Sucesión (1700) y la de la Independencia (1808). Cada una de ellas provoca la despoblación de la ciudad, arruinado sus edificios y economía. La carga económica que tuvo que soportar Trujillo para sustentar el conflicto bélico se tradujo en la enajenación del patrimonio municipal y en la alteración de la vida de la ciudad en el segundo tercio del siglo XVII, convirtiéndose en acuartelamiento de tropas, lo que se dejará sentir en los conflictos bélicos de los siglos siguientes agravando la crisis y la situación económica y poblacional de Trujillo.

Durante el Sexenio Democrático se constituyó la Junta Revolucionaria, que desapareció tras la orden de disolución decretada el 21 de octubre del año 1868. La figura de mayor protagonismo fue Malo de Molina, diputado por Trujillo en el año 1873 y miembro destacado del Partido Republicano. Tanto durante la etapa Isabelina, como en el Sexenio Democrático y la Restauración, Trujillo vio acrecentado su protagonismo comercial al ser designada cabeza de distrito para las elecciones de diputados a Cortes .
El 30 de noviembre del año 1892, la Reina Regente María Cristina decretó lo siguiente: “Queriendo honrar la memoria de Don Francisco Pizarro, natural de Trujillo y conquistador del Perú, con motivo del IV Centenario del Descubrimiento de América, en nombre de mi Augusto hijo el Rey Don Alfonso XIII (q.D.g) y como Reina Regente del Reino; vengo en conceder al Ayuntamiento de Trujillo el tratamiento de Excelencia”.

En el siglo XX, la ciudad entera se erige en testimonio vivo de su pasado esplendor. Ha sido visitada en varias ocasiones por personajes de la cultura y la política, algunos de ellos se han instalado aquí para pasar los últimos días de su vida, arropados por el duro granito de la piedra. En Trujillo se respira historia, arte y, en definitiva, cultura. Esta se apoya sobre los pilares de nuestros artistas pretéritos o contemporáneos, sus trabajos, sus sueños, unos hechos realidad, otros anónimos, se guardan muchos de ellos en los museos de las ciudades, en edificios palaciegos particulares o eclesiásticos, o bien en colecciones particulares que, junto a las muestras recogidas por instituciones religiosas y privadas, forman el amplio y diverso Patrimonio Artístico de Trujillo.

José Antonio Ramos Rubio